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viernes, 3 de octubre de 2008

Consejo número 263. Gracias a todas y a todos...

¡Guau...! Cuántos comentarios y cuántos correos electrónicos. GRACIAS.

Ahora sé que es lo que sienten algunos artistas cuando una vez muertos, desde el cielo (o desde el infierno), ven hecha realidad su obra póstuma. Hemos batido el record de comentarios en el post en que aparentemente (sólo aparentemente) me despedía. Pero... ¿quién se había creído por un momento que yo iba a desaparecer de aquí?, ¿cómo iba yo a poder pasar un día más sin venirme a nuestro rinconcito romántico para contaros cualquier cosa?

Noooo, sólo necesitaba un respiro, pero os habéis pasado. Nada más que necesitaba “un poco de aire fresco”, sin embargo, me habéis soplado entre todas y entre todos con tantas ganas y con tanto aprecio que me he tenido que agarrar muy fuerte para no salir volando con vuestros maravillosos soplos de aliento... GRACIAS, DE VERDAD.

Me siento abrumado. Es más, me llegué a preguntar si realmente merezco tanto ánimo y tanto apoyo como he recibido de vosotras y de vosotros. De cualquier manera, en un caso como éste sólo hay que limitarse a ser agradecido, y yo lo soy. GRACIAS. MUCHAS GRACIAS.

Me encantaría comentar uno por uno cada uno de vuestros preciosos mensajes. Pero son tan explícitos que no necesitan de una explicación que los pudiera enturbiar. De todos modos, son todos tan acertados que sólo tengo que pediros disculpas. PERDÓN. OS PIDO PERDÓN SINCERAMENTE.

Con este blog sólo pretendía dar una visión optimista sobre el Romanticismo, y al mismo tiempo, dar una “patada simbólica en la espinilla” a los menos románticos (y a las menos románticas) para inducirles (e inducirlas) a que a diario hicieran el pequeño esfuerzo de mejorar aún más su relación de pareja. Incluso podía presumir de haber logrado algo bueno. Así que... quién coño soy yo para cargarme de un zarpazo el camino tan bonito que entre todas y todos habíamos construido, ¿verdad?

En fin, me desvié un poco del buen camino, pero vosotras y vosotros me habéis reconducido nuevamente. GRACIAS. INFINITAS GRACIAS. Nunca sabré como devolveros tanta felicidad como la que me habéis regalado y como la que siento ahora mismo.

Por cierto, mañana sí volveré con una nueva sugerencia romántica.

A ti mujer, te amaré como nadie te ha amado nunca y como nadie te amará jamás. Por eso... siempre confiaré en ti. SIEMPRE.

Hasta mañana. GRACIAS.