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sábado, 30 de agosto de 2008

Consejo romántico número 233. No sólo es necesario tener talento, sino también talante...

Hola a todas y a todos. Una vez más, y por motivos ajenos a mis deseos y a mi voluntad, no he podido estar aquí en los últimos tres días.

El pasado miércoles 27 de agosto, cuando como cada mañana llegué a la oficina y entré en la herramienta de administración del blog para comprobar si me habíais dejado algún comentario, Google me había enviado el siguiente mensaje:

Este blog se ha bloqueado debido a una posible infracción de las Condiciones de uso. No podrás publicar nuevas entradas hasta que el blog sea revisado y desbloqueado.

Este blog se suprimirá dentro de 20 días a no ser que solicites una revisión.

Ni te puedes hacer una idea de lo que me entró por el cuerpo ni de lo que me pasó por la cabeza... Imagínate, he estado aquí casi cada tarde dejándoos una pizquita de mí, y después de ocho meses ya son tantas pizquitas, que cuando pensé en la posibilidad de que me quitaran el blog me puse a temblar. Al final todo ha quedado en un susto. Por lo visto, creo que hay por ahí blogs que son gestionados por robots informáticos y son usados para generar spam; y éste, tan romántico y delicado, creían que era uno de esos... Vaya ocurrencia: un robot romántico.

Lo importante es que ahora cuando he vuelto después de haber mirado muchas veces, por fin me lo han desbloqueado.

Mi sugerencia romántica de hoy será breve. Y está inspirada en un buen amigo mío que lo está pasando mal...

Mi amigo es un gran tipo, de esos que parecen casi perfecto, porque no suele meter la pata casi nunca. Y digo casi nunca porque hace poco la metió hasta la ingle... Él nunca dice nada que no haya procesado antes en su cabeza. Y como es rápido de mente, procesa a una velocidad vertiginosa, por eso, suele llamar la atención por decir cosas adecuadas y pareciendo espontáneas a la vez. Pero a veces, no es capaz de controlar la ira cuando se siente atacado en su punto débil: el Amor. Y esas veces le pasa como al pez, que muere por la boca.

Se lo he dicho en muchas ocasiones: “antes de decir o de hacer algo de lo que te puedas arrepentir después, cuenta como mínimo hasta mil ciento diez... porque éste es el tiempo suficiente y necesario para evitar problemas”.

Él está muy enamorado de una mujer, a la cual conoce desde hace poco y a la que respeta y atiende con ternura y elegancia. Sin embargo, hace unos días perdió el talante y la insultó. Ahora ella ha perdido el encanto por él y lo ha dejado.

Mi amigo no contó hasta mil ciento diez. Por eso, déjame que te sugiera una cosa... Cuida siempre un aspecto esencial de tu relación de pareja: el talante.

Tener talante no es ser hipócrita, ni aguantarse nada, ni fingir. Tener talante es usar mano izquierda, es tener habilidad en el trato, es ser cortés, es tener tacto, es saber cuándo se debe hablar y cuándo se debe callar.

Desarrolla tu talento, y más aún tu talante...

Hasta mañana, y ojalá nada ni nadie nos impida reencontrarnos aquí.

Gracias.