Mostrando entradas con la etiqueta Consejo romántico número 238.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Consejo romántico número 238.. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de septiembre de 2008

Consejo romántico número 238. Cuando cometas un error, primero aprende la lección, y luego demuestra que la has aprendido...

Él estaba arreglando la moto en el garaje. Las manos las tenía llenas de grasa, y justo cuando ella entraba para preguntarle que a qué hora iban a salir para dar un paseo, él estaba limpiándose las manos con un trapo que antes era blanco y que ahora estaba casi negro...

Ella, bastante fastidiada por lo que acababa de ver, no esperó a que él le respondiera a su pregunta y se fue a casa de nuevo para acabar de preparar la comida.

Cuando el chico terminó con la moto, subió a casa para lavarse las manos, y al pasar al lado de su chica, intentó darle un beso pero ella se apartó. Él, aparentemente, no entendía nada de lo que estaba pasando. Sin embargo, ella parecía tener un motivo bien claro para que su actitud cambiara tan repentinamente...

Entre los dos pusieron la mesa al unísono, aunque ella parecía muy enfadada y no participaba de las conversaciones que él trataba de sacar. Se sentaron a comer. El ambiente se podía cortar con un cuchillo. Y cuando ella no pudo aguantarse más, estalló diciendo: “Lo has vuelto a hacer...”. A lo que él contestó: “¿Qué he vuelto a hacer? No entiendo nada, cariño”. Y ella repuso: “No me llames cariño. La semana pasada te cargaste una de mis toallas preferidas para sacarle brillo al dichoso tubo de escape de la moto; y hoy he visto que te estabas limpiando las manos con una de las camisetas que me gusta usar para dormir”. El chico bajó la mirada y dijo: “Lo siento, cielo, no me he dado cuenta”.

Ella se levantó de la mesa bruscamente y dijo mientras se dirigía al cuarto de baño: “Si me quisieras pensarías más en mí y te darías cuenta de las cosas”.

Ella estuvo unos veinte minutos en el aseo, y a él le dio tiempo suficiente para quitar la mesa y recoger la cocina. Y justo cuando se iba a sentar en el sofá para esperarla, ella salió, se dirigió a la cama y se acostó. Notó un bulto extraño debajo de la almohada, así que se incorporó y miró que era aquello. Y cuál sería su sorpresa cuando comprobó que el bulto aquél era un camisón de raso negro con una nota que decía: “Mi Amor, por las noches me despierto sólo para mirarte y siempre pienso que eres demasiado bonita para dormir con una simple camiseta, así que...”.

En fin, a veces las cosas no son como parecen...

Hasta mañana, y gracias.