Una vez más, gracias por vuestros comentarios. Ni os podéis imaginar las ganas y las fuerzas que esto me imprime...
No sé si lo sabéis, y esto sí es autobiográfico, que soy el editor de una revista deportiva. Y para el 20 de diciembre de este año, vamos a organizar el campeonato Open de press banca sportes 2008 en las modalidades de fuerza-resistencia y de potencia. Esto es poco romántico, no obstante, es una pena que en esta ocasión yo no voy a competir sino que me voy a limitar a organizarlo. Y digo que es una pena porque con las fueras y la motivación que me estáis dando últimamente, no creo que se me escapara la medalla de oro. Si seguís así, además de organizarlo soy capaz de... En fin, volvamos a lo verdaderamente importante...
Al acabar el post de ayer, me surgió la idea de hablar hoy sobre cómo advertir si nuestra relación de pareja tiene perspectivas de futuro o no. Y lanzábamos a modo de adelanto las siguientes preguntas: ¿estáis hechos el uno para el otro?, ¿atesoráis las características de una pareja feliz y armónica?, ¿estaréis juntos el resto de vuestras vidas?, ¿en qué estado se encuentra vuestra relación actualmente?
Y ayer decíamos que difícilmente podemos responder a estas preguntas con una elevada probabilidad de acertar. No obstante, podemos prever si nuestra relación de pareja tiene porvenir o no.
Y ahora, en frío, un día después de haber planteado el tema, pienso que me he metido en un berenjenal de dos palmos de narices. No escarmiento... Pero ya no me puedo echar para atrás, así que... al toro, ¿qué no?
Pienso, que uno de los momentos en los que la relación de pareja muestra visos de tener futuro es en la forma en cómo se afrontan los conflictos y los inconvenientes. Y se me ocurren las siguientes cuestiones: ante un problema determinado, ¿cualquiera de las partes puede contar con la otra y sentirse apoyada, o esto sólo sucede si la otra parte está implicada de alguna manera en el problema? ¿Tras una fuerte discusión se reparten las responsabilidades y se llega a algún tipo de acuerdo para no volver a cometer el mismo error, o siempre existe el empeño en encontrar a un culpable?
Los apoyos recíprocos y las soluciones pactadas son una buena señal de que la relación marcha feliz y eficazmente, y de que se le augura un bonito futuro.
Otro buen indicio de la marcha de la relación es la forma en que se enfrentan las dificultades sexuales; por ejemplo, el "enfriamiento" de las relaciones sexuales. Dialogar sobre este arduo asunto cada vez que sea necesario, es una señal inequívoca de que la relación marcha bien y está consolidada. En cambio, no hablar nunca, o casi nunca, sobre el sexo en la relación suele ser un alarmante presagio.
Además, los conflictos de pareja señalan la salud de la relación. Son positivos cuando persiguen un acuerdo o una solución, sin violencia ni ofensas ni críticas ni infravaloraciones; sirven para que la relación mejore, ayudado por el placer que entraña la reconciliación posterior.
En cambio, son negativas si implican a terceras personas para conseguir un fin o incluyen la crítica constante, la humillación o los juicios personales sobre la pareja, o emplean el chantaje psicológico, recurriendo a frases del tipo "si no haces esto, te dejo o dejo de hacer aquello".
También son un signo de que algo marcha mal cuando las discusiones acaban con un silencio o con la indiferencia, lo cual acaba minando paciencia de la otra persona, empeorando gravemente la situación.
Finalmente, las disputas son un punto de no retorno cuando se empiezan a exigir a la pareja cesiones que ésta no está dispuesta a ceder, o lo que es lo mismo, cuando se empieza a imponer en vez de sugerir. Y otro punto de no retorno se da cuando se cede siempre para evitar que la discusión continúe.
De cualquier manera, como ya adelantamos antes, es difícil anticipar con absoluta certeza el futuro de una relación de pareja, ni siquiera con la mejor bola de cristal... Pese a todo, teniendo claros algunas cuestiones y estando atenta o atento a lo que acontece en la relación se pueden vislumbrar las posibilidades que existen de que el Amor y la Magia permanezcan vivos.
Aunque nos cueste, debemos ser realistas. Cuando nos enamoramos solemos adaptar nuestro comportamiento a las expectativas que tenemos respecto de la persona amada. O lo que es lo mismo, sacamos nuestra “mejor versión”... ¡Joder, cuánto me gusta esta expresión! NUESTRA MEJOR VERSIÓN. Pero tarde o temprano (más bien temprano), aflorará lo que alguna gente llama “la propia personalidad”. Que no es más que descuidar la MEJOR VERSIÓN DE UNO MISMO. Y sacar la “mejor versión de uno mismo” es a lo que estamos obligado siempre como seres humanos que somos, y que tenemos el privilegio de poder decidir en cada momento cuál debe ser nuestro mejor comportamiento o “mejor versión”. Por tanto, cuando nos descuidamos en nuestra responsabilidad de humanos, también surgen las primeras decepciones en la persona amada, porque dejamos de ajustarnos a lo que antaño la enamoró de nosotros.
De cualquier manera, debemos evitar "tirar la toalla" rápidamente. Darse por vencida o por vencido ante la primera desavenencia importante que surja en la relación no es la mejor solución, ya que ni las personas ni las relaciones son perfectas. Sí son perfectibles, pero no perfectas. Y para mejorarlas o hacerlas perfectibles es necesario desarrollar un trabajo duro y constante. Las parejas felices se edifican día a día y por ambas partes, preocupándose ambos de evitar todo lo que las debilitan y fomentando todo lo que las fortalece.
Y por supuesto, esto que decimos no está en contra de la idea romántica del Amor de pareja, sino que por el contrario, nos evitará las desagradables sorpresas más adelante.
Otro aspecto importante es conocer la biografía amorosa de la pareja. A veces, nos embarcamos en una relación sin sentido simplemente (que no es simple) porque nos dejamos llevar por el corazón en vez de hacerlo también por nuestra cabeza, y nos sentimos atraídos por el bello físico de la otra persona, en vez de por su forma de ser. Y es que rara vez buscamos la información necesaria y suficiente sobre la otra persona cuando empezamos a salir y a conocerla. Cuidado, no me refiero a que haya que hacerle un test... ¿O sí habría que hacerlo? No sé...
Lo que sí quiero decir es que es esencial conocer el pasado amoroso de la persona que nos interesa, porque tiene mucho que ver con cómo se comportará en el futuro con nosotros.
Y la pregunta que surge ahora es, ¿y cómo conocer a fondo a tu pareja?
Para conocer a fondo a la otra persona conviene cavilar sobre lo siguiente: ¿ha tenido alguna relación amorosa duradera o sus relaciones han sido cortas?, ¿hace planes para el largo plazo, o sólo le preocupa el futuro el próximo mes?, ¿habla de tener una relación duradera o de matrimonio?, ¿hace referencia en sus conversaciones sobre cómo le gustaría que fuese una relación seria o de matrimonio?
Para decidir si conviene continuar con la relación o decir ¡basta ya!, es recomendable responderse a una serie de preguntas:
¿La relación significa lo mismo para los dos? Puede darse el caso de que uno de los miembros busque estabilidad y compromiso, y el otro pasión y aventura.
¿Tenemos intereses y objetivos comunes o que se puedan compartir?
¿Estoy dispuesta o dispuesto a hacer todo lo que sea necesario para resolver los conflictos que me han llevado a plantearme la disolución de la relación?
¿El desgaste de la relación se debe a motivos prácticos de la convivencia más que a razones emocionales, como la falta de Amor o Pasión?
¿Los beneficios que obtienes por seguir adelante con la relación son mayores que lo que tienes que dar a cambio...?
Si las respuestas a la mayoría de estas cuestiones son afirmativas, la relación de pareja tiene muchas posibilidades de salvarse y de permanecer viva y feliz una vez resueltas las discrepancias.
¡Vaya berenjenal en el que me he metido...!
Hasta mañana, y reitero mi más sincero agradecimiento.